Bitácora diez: Toscana, Italia.

Estoy subiendo la bitácora varios meses más tarde porque tuve algunos problemas con el blog, sin embargo la bitácora esta escrita en Febrero, así que la emoción se va a entender igual. Espero.

Wowwwwwwwwwwwww! llegó Febrero genteee! Y con Febrero se vino el viaje de estudios a la Toscana!
Normalmente, en ciclo superior se hace un viaje de estudios dependiendo de la orientación del curso y el interés del profesor. En mi escuela, ambos grupos (12A y 12B) se fueron juntos a Italia por acuerdo de los profes. 

La idea era hacer actividades tanto relacionadas con la política e historia como con la biología y ciencias naturales, para que todos puedieran ver las cosas que les interesan y aprender un poco más sobre otro tema.

Si mi emoción era enorme, ¡ustedes no se imaginan lo que era mi mamá desde Argentina! Lo que solo sirvió para emocionarme a mí el doble jajaja
Para cuando por fin llegó la fecha de partida, yo estaba saltando por la casa.
Una vez en la parada del cole, me sorprendió ver a todo el mundo en pantalón de jogging, siendo que normalmente llevar jogging en la escuela tiene una connotación semi-negativa (como si a uno no le interesa su aspecto personal y la impresión que le da a los profesores lo suficientemente como para ponerse un jean o algo más “decente”). En fin, resulta que estos pantalones de deporte no estan buenos para la escuela pero son casi un deber a la hora de viajar en colectivo. Yo, por supuesto no lo sabía, así que me tocó viajar esas 20 horas que nos separaban de destino en jean, lo cual no hubiera sido un problema si no fuera por los constantes chistes que me llegaban de todos lados. Igual me divertí, no se crean, fue todo con amor ❤

Como leyeron ahí arriba, fueron 20 horas de viaje en colectivo y para muchos de mis compañeros significó la muerte. Yo estaba contenta (yo pensando en mi viaje de egresados en Argentina, donde viajar tantas horas en un colectivo todos juntos fue  una fiesta), pero cuando ví que no había mucho lugar para caminar y que más bien nos teníamos que quedar sentados todo el tiempo perdí un poco las esperanzas de charlar con los del fondo. Confirmé mis sospechas cuando todos sacaron los auriculares y las almohadas para dormir.
Mi compañera de asiento, Natalie, no solo es la chica más dulce del mundo y una muy buena amiga sino además parece ser bastante ambiciosa. Digo esto porque si durante el viaje estuvo tratando de romper el récord mundial en dormir la mayor cantidad de horas seguidas, ignorando cualquier ruido o movimiento brusco, lo logró. Ovación de pie para Natalie por su talento y para mí también che, que al fin y al cabo me leí como tres libros jajajaja

Si bien entramos a Italia en la madrugada, nos pudimos dar cuenta porque el paisaje cambió completamente. En general, en Alemania solo hay montañas en el sur pero la diferencia entre las montañas del sur de Alemania y las del norte de Italia es bastante notable. Además, una vez que empezó a salir el sol se empezaron a ver las motos y los autos caros paseando por ahí, TAL CUAL como se ve en las películas. 

Al día siguiente llegamos temprano a nuestro destino. Viareggio nos recibió con un clima hermoso y mucho sol. Lo gracioso fue que hasta antes de ver la playa la pequeña ciudad me hizo acordar mucho a algunos rincones de Microcentro en Buenos Aires.
Nuestro hotel estaba a una calle de la playa y a la vuelta de un supermercado. Creo que eso nos compensó el hecho de que el hotel no se veía para nada parecido a lo que las fotos en la página de internet nos había mostrado.
Rápidamente, nos dividimos en grupo de tres y cuatro para las habitaciones y fuimos a dejar el equipaje.
Luego de una pausa donde varios aprovechamos a bañarnos y comer algo, fuimos a dar un paseo por la ciudad. Acá es donde se puso super interesante (para mí): nadie en mi grupo hablaba una sola palabra de italiano, incluyéndome a mí por supuesto. Pero yo tengo la ventaja que al hablar castellano puedo entender una gran mayoría de lo que está pasando. El profesor se avivó de esto cuando le traduje el menú a una compañera y desde entonces me convertí en la traductora oficial del grupo. Yo encantada! Hasta aprendí las frases indispensables del turista, del tipo “por favor”, “gracias”, “estoy buscando…”, “no soy de acá”, “no hablo italiano”, etc. 

El primer día no hicimos mucho más que comer y pasear.
La comida del hotel “casi mata” a muchos de mis compañeros porque “tenía gusto a suela de zapato”. Realmente la hora de la cena en el hotel no era el momento favorito de ninguno, así que en general todos comían algo comprado en el supermercado antes o después. 

Antes de seguir con el viaje les quiero dar un poquito de información de fondo: las dos clases no solían llevarse muy bien. No digo que peleaban o algo así, simplemente había un sentimiento de indiferencia constante, y por ello no compartían nada juntos.
Algo similar pasaba dentro de mi propia clase: Si bien nosotros si nos llevábamos bien y pasábamos todos los recreos juntos, una vez que se terminaban las clases y volvíamos a casa o arrancaba el fin de semana cada uno hacía la suya con sus propios amigos y nunca nos juntábamos a hacer nada.
Yo creo que este viaje marcó un antes y un después, no solo en la relación de los cursos sino también en mi intercambio. Como cada noche nos daban permiso para quedarnos hasta cierta hora en la playa y luego hasta cierta hora en la sala común y después hasta cierta hora charlando en las habitaciones (oficialmente no estaba permitido pero los profesores se iban convenientemente temprano a dormir, lo cual me sorprendió gratamente, realmente confiaron en que nosotros nos íbamos a saber comportar y así lo hicimos también), era casi imposible que no terminemos acercándonos más. 

Nuestro segundo día en la Toscana estaba reservado para los chicos del perfil de historia. Nos levantámos temprano y todavía tragando el desayuno nos subimos al colectivo que nos llevó rumbo a Florencia. Allí nos dividimos en dos grupos y una guía turísitica nos llevó a recorrer. Lo que más me impresionó fue la Catedral de la Santa Maria de la Flor que con su cúpula de 114,5 metros de altura y su campanario de 84,70 metros también de altura se encuentra declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad desde 1982. 

Luego del tour de dos horas nos dieron tiempo libre para comer y pasear. Ahí me senté como corresponde a comer mi primer pizza italiana. Lamentablemente, el tiempo no alcanzó para pasear todo lo que queríamos pero llegamos a hacer un par de compritas y fotos. 

 

 

El tiempo no nos alcanzó precisamente porque nos teníamos que subir de nuevo al colectivo para ir a Vinci, la ciudad de nacimiento de Leonardo Da Vinci (duh), lo cual para mí no fue NINGÚN problema. En mi familia, Da Vinci es un personaje muy importante y siempre nos hemos interesado por su vida y sus obras, así que cuando me enteré no solo que íbamos a su ciudad sino que ahí también había un museo en su honor casi me desmayé.
Tal como me lo esperaba, fue todo HERMOSO

Al volver a Viareggio, luego de “comer” la cena del hotel se fue todo el 12A a la playa a charlar, cofcoftomarunascervezascofcof y escuchar música.
El cuarto día en Italia estuvo dedicado a la gente de la orientación de ciencias naturales, ya les tocaba pobres. Así que nos reunimos todos un poquito más tarde para desayunar. Bueno ¡casi todos! uno de nuestro compañeros le confió su peinado y su afeitadora eléctrica a su amigo, quien aseguraba ser capaz de “rebajarle un poco la melena”, lo que por supuesto no fue cierto. El pobre trató de esconder su desgracia abajo de una gorra que, a mi parecer, solo empeoró todo.
En fin, a las diez de la mañana salimos rumbo a Ladarello para visitar su central eléctrica geotermal. Ahí TODO olía mal :C Luego de ver un documental explicativo bastante antiguo en algún tipo de alemán extraño que no logré entender del todo y un paseo por el museo por una señora que parecía odiarnos a todos, nos mostraron como funcionaban las bombas de presión de agua. El recorrido terminó con esta particular señora diciéndonos que “igualmente todo esto no valía la pena aprenderlo porque no tenía futuro en el pueblo y que pronto lo iban a quitar”.
Toda esta “aventura” duro aproximadamente 40 minutos, los cuales no valieron nada la pena en comparación a las dos horas de viaje que hicimos hasta llegar allá y menos la valieron cuando hicimos las otras dos para volver. En definitiva, pasamos nuestro día en el colectivo. Yo me aburrí mientras Natalie dormía, otra vez ¡wiiii!

Terminamos llegando cerca de las 19 hs a Viareggio y a nadie le quedaban ganas/energía de pelear contra la comida del hotel, así que comimos en silencio.
Sin embargo esta vez se nos sumaron un par de estudiantes del 12B en la salida a la playa (para la joda siempre hay ganas, ¿no?) y repetimos lo de la noche anterior.

Nuestro último día arrancó también bastante temprano. Íbamos a Pisa y POR SUPUESTO siempre está llena, así que la guía turística (creo que la mejor que he tenido en toda mi vida) nos recomendo empezar con el tour a las 8 am, y para eso teníamos que levantarnos bastaaaante más temprano. Así fue como Natalie se volvió a dormir en el colectivo y yo me volví a aburrir (igual leí bastante).
Una vez en Pisa nos encaminamos hacia la famosa Torre. Al llegar al parque me sorprendió ver lo vacio que estaba todo, incluso los puestos ambulantes de souvenires que están afuera estaban cerrados. Era el momento perfecto para hacer todas las fotos pero por desgracia no se pudo, había que empezar con el recorido.
Digo que fue una de las mejores guías que tuve porque no solo sabía TODAAAAAAAAAAAA la información para responder a nuestras preguntas, sino que además hablaba varios idiomas aparte de italiano y alemán (entre ellos castellano) y explicó todo con tantas ganas y metiendo chistes en el medio que era imposible dejar de escucharla, ¡bravo!
The_Leaning_Tower_of_Pisa_SB.jpegAsí aprendimos que la torre es en realidad una torre enana: mide 60 metros (para que se den una idea, el Obelisco de Buenos Aires mide 67,5 metros). La Torre se empezó a inclinar tan pronto como comenzaron a construirla. En realidad, el suelo de Pisa no es adecuado para construcciones tan pesadas porque es muy húmedo, lo que lo convierte en propenso a hundirse. Por eso es que se vieron obligados a detener su construcción, dejándola por un siglo solo con cuatro pisos. Pasado este tiempo, vino el arquitecto Fernando Di Vicenzo y  con su genial idea lograron agregarle cuatro pisos más. Estos pisos estan inclinados hacia el lado contrario hacia donde la torre se inclina, intentando así (en vano) estabilizarla.

En 1964 el gobierno pidió ayuda para tratar de estabilizar el monumento y un gran grupo de matemáticos, historiadores e ingenieros acudieron al rescate. Luego de muchos intentos fallidos y un período donde la torre estuvo cerrada para el turismo, decidieron quitar varias toneladas de tierra al pie de la torre, del lado contrario a donde se inclina. De esta forma han conseguido estabilizarla, y se calcula que va a durar así 200 años. 

Como siempre, luego del recorrido nos dieron tiempo libre (que otra vez no nos alcanzó para mucho) donde aprovechamos para hacer las típicas fotos y comprar algo para comer al paso, antes de volver al punto de encuentro donde el cole nos esperaba para seguir viaje. 

 

 

Nuestra siguiente parada fue para los chicos de ciencias naturales. Nos llevaron a una especie de gruta/cueva y para llegar ahí el colectivo tuvo que subir una montaña súper empinada por una camino de tierra súper angosto y creo que a todos se nos quedó un pedacito del alma ahí arriba. Más de uno se debe haber imaginado muriendo.
En fin, esta cueva era básicamente un conjunto de piedras que gracias al agua que caía desde un arroyo más arriba y el paso del tiempo se habían agujereado dejando lugar a un espacio ENORME, que más tarde había sido adaptado con escaleras y barandas para que los turistas puedan recorrer todos sus recovecos. Muy interesante, aunque a los claustrofóbicos no les gustó mucho. 

De vuelta en nuestra ciudad, nos fuimos ahora si TODOS a la playa y la pasamos hermoso. 

Días 6 y 7 fueron de nuevo dedicados casi únicamente al viaje de regreso (otras 20 horas). A las 10 de la mañana debíamos tener las habitaciones limpias y el equipaje en el baúl pero cada uno podía ver a que hora se levantaba y si quería desayunar o no o lo que sea. Al principio me sorprendió mucho la libertad que nos dieron a todos, después me dí cuenta que la mayoría de los estudiantes tiene 17 o 18 y que a esta altura los profesores no tienen ganas de andar atrás de ellos. Además, como buenos alemanes, estaban todos arriba desde temprano.
Si bien dejamos el hotel a las diez, fuimos todavía a comer pizza y helado (¿qué sino?) y nos quedamos paseando por Viareggio hasta las 15hs, cuando nos subimos al cole y emprendimos el regreso.
A ver si adivinan lo que viene: si, Natalie se durmió TODO el camino. Les juro que no sé como logra dormir tanto tiempo seguido sin mosquearse por nada jajaja

En fin, el viaje fue hermoso y una de las mejores experiencias de mi intercambio. Lo volvería a hacer tal cual una y mil veces. Como dije antes, yo creo que a partir de esto mi intercambio hizo un giro de 360°: mi grupo de amigos se terminó de formar y se hizo más cercano. Desde que volvimos a casa nos hemos estado juntando por lo menos una vez por semana a hacer algo, ya les contaré más adelante. 

Mis opiniones sobre Italia son excelentes, me encanta el idioma y me encantó la Toscana. Me encantaría volver alguna vez para conocer todo y creo que voy a soñar muy seguido con irme a vivir allá. 

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Luna, quién no sabe si la pizza volverá a ser lo mismo después de este viaje.

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